En esta crisis, los que trabajamos y, con nosotros, la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, poco hemos tenido que ver, pero somos quienes estamos pagando las consecuencias.

La crisis económica que estamos padeciendo es una crisis del sistema capitalista agravada por las ansias especulativas del capital financiero (bancos, fondos de inversión, aseguradoras.- etc.). En España, la crisis es mucho más grave porque existe un modelo económico perverso, defendido tanto por el PSOE como por el PP, basado en la especulación y la corrupción, con bajos salarios y escasa protección social, pérdida de derechos para los trabajadores y las trabajadoras y endeudamiento de las familias y las pequeñas empresas, entre otras cosas. Esta es la causa principal de que el paro sea el doble que en Europa.

 

El gran capital financiero aprovecha la crisis para consolidar su dominio, reducir los salarios y las pensiones, recortar aún más el pobre Estado de Bienestar que existe en España, atacando lo público, y debilitar la democracia. El Gobierno de Rodríguez Zapatero se ha arrodillado frente a esas exigencias y aplica un duro programa de ajuste, que reduce salarios en el conjunto de la función pública y congela las pensiones; aplica una reforma laboral que abarata el despido y ataca conquistas históricas de los trabajadores y trabajadoras, y entrega la mitad del ahorro del país a los banqueros con la privatización de las Cajas de Ahorro.

 El  Gobierno dice que estas medidas son inevitables, pero eso no es cierto. Hay otra forma de salir de la crisis, apoyando la economía real y creando empleo.

El Gobierno dice que lo exigen los mercados, pero, al menos, debería explicar quiénes son esos mercados, porque tienen nombres y apellidos bien concretos. Son los grandes banqueros (Botín, por ejemplo, en España), y quienes controlan los grandes fondos de inversión. Ellos especulan contra la deuda, controlan el FMI, e imponen el consenso de Bruselas (del que participan tanto el PSOE como el PP) para aplicar las políticas neoliberales en todos los países de la UE.

Y ello frente a la inmensa mayoría de la población, especialmente trabajadores y pensionistas. El Gobierno tiene una especial responsabilidad porque traiciona a su base social y a muchos de los que le han votado. Se ha convertido en el “gancho de izquierda” del neoliberalismo contra los trabajadores.

Pero no hay que caer en la desesperanza, existe alternativa.

Una alternativa que se basa en una salida social de la crisis y en la movilización para conquistarla. Por eso, Izquierda Unida ha venido defendiendo la necesidad de una Huelga General y, ahora, una vez convocada por los sindicatos de clase, trabaja para que sea un éxito y, así, detener la ofensiva del neoliberalismo.

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